El 29 de octubre, sobre las nueve de la noche en España, alguien vació las billeteras de Binance. En unos 20 minutos salieron cerca de 6.300 millones de dólares en criptomonedas repartidos por diez blockchains distintas. Es, con diferencia, el mayor robo de la historia de las criptomonedas: unas cuatro veces el golpe a Bybit de febrero de 2025, que hasta ahora tenía el récord.
Las redes se han llenado de capturas de gráficas en rojo, teorías y gente preguntando si su dinero sigue ahí. Yo no soy asesor financiero ni voy a decirte qué hacer con tus criptos. Pero sí trabajo cada día con sistemas, accesos y servidores, y lo más interesante de este robo no es la cifra: es por dónde entraron. Porque la puerta no fue la blockchain ni un fallo matemático. Fue el portátil de una persona.
Qué ha pasado, en corto
- Cuándo: el 29 de octubre de 2026, a partir de las 20:05 UTC. Lo gordo salió en unos 20 minutos, y hubo una segunda oleada horas después.
- Cuánto: unos 6.360 millones de dólares según TRM Labs. Más de la mitad en Ethereum y stablecoins, unos 1.470 millones en bitcoin y el resto en Tron, XRP, Solana y otras redes.
- Quién: TRM Labs, Chainalysis y Elliptic lo atribuyen a TraderTraitor, un grupo de hackers vinculado a Corea del Norte. Es el mismo al que el FBI culpó del robo a Bybit.
- Qué ha hecho Binance: suspender depósitos y retiros, decir que cubrirá todas las pérdidas de los usuarios y trabajar con emisores y policía para congelar fondos. Tether, Circle y Ripple ya han bloqueado en torno a 3.000 millones.
Cómo entraron: un portátil y una firma
Según la investigación inicial de Binance, todo empezó con el portátil comprometido de un ingeniero. Desde ahí, los atacantes llegaron a un servicio interno y consiguieron que el sistema que firma los retiros aprobara transacciones que nadie había autorizado. Binance insiste en que sus claves privadas no se filtraron. No les hizo falta: si controlas la máquina que firma, la clave da igual.
El codirector ejecutivo de Binance, Richard Teng, ha matizado después que el ataque fue más complejo que un simple abuso de los permisos de un empleado, y la causa exacta todavía no es pública. Pero el patrón está claro y ya lo habíamos visto: en el robo a Bybit de 2025, la entrada fue también el ordenador de un desarrollador de un proveedor externo.
Y no fue un golpe improvisado. TRM Labs ha reconstruido que los atacantes llevaban días preparándolo: probaron su código en billeteras de prueba, lo ensayaron y solo después lo lanzaron contra Binance. En Ethereum, incluso dejaron firmadas de antemano 50 autorizaciones para asegurarse de que al menos una funcionaría.
La blockchain no se rompió. Lo que se rompió fue lo de siempre: una persona con acceso, un dispositivo y una confianza que nadie revisaba.
¿Mi dinero en Binance está a salvo?
Lo que se sabe a día de hoy, sin adornos:
- Binance dice que los fondos de los usuarios están a salvo y que asumirá todas las pérdidas, aunque todavía no lo ha demostrado con datos. Ha prometido publicar una nueva prueba de reservas cuando termine la investigación.
- Analistas como los de Fundstrat creen que el golpe no pone en riesgo la solvencia de Binance, que es enorme.
- Mientras tanto, los depósitos y retiros siguen suspendidos. Toca esperar.
Y aquí va el consejo que sí te puedo dar con total seguridad: después de cada gran hackeo llegan las estafas. Correos, SMS y mensajes de WhatsApp de "soporte de Binance" pidiéndote verificar tu cuenta, "recuperar fondos" o mover tus criptos a una dirección "segura". Binance no te va a pedir nunca tu contraseña, tu código 2FA ni tu frase de recuperación. Entra siempre escribiendo tú la dirección en el navegador o desde la app oficial, nunca desde un enlace que te llegue.
Lo que tu empresa debería aprender de esto
Puede que pienses que esto va de exchanges y millones, y que a ti no te toca. Pero lo que ha fallado en Binance existe exactamente igual en una clínica, una tienda online o una pequeña agencia: la seguridad de tu empresa es tan fuerte como el dispositivo más descuidado de quien tiene acceso a ella.
Piensa en quién puede entrar hoy en tu web, tu CRM, tu tienda o tu correo: tú, tus empleados, tu desarrollador, la agencia de marketing, aquel freelance que te hizo un cambio hace dos años… Cada uno de esos accesos es un portátil, un móvil y unas contraseñas que no controlas.
El checklist que aplico con mis clientes
- Un usuario por persona. Nada de compartir "admin / la contraseña de siempre". Si algo pasa, tienes que saber quién fue y poder cortar solo ese acceso.
- Revisa y quita accesos viejos. El proveedor con el que ya no trabajas no debería seguir siendo administrador de tu web. Haz limpieza al menos dos veces al año.
- Permisos mínimos. Quien solo publica en el blog no necesita poder instalar plugins ni ver los pedidos. Cuanto menos pueda hacer una cuenta, menos daño hace si la roban.
- Doble factor en todo lo importante: correo, hosting, panel de la web, banco y redes sociales. Mejor con una app de autenticación o una llave física que con SMS.
- Registro de actividad. En WordPress, un plugin como WP Activity Log te dice quién cambió qué y cuándo. En un panel a medida, que guarde un historial de las acciones sensibles.
- Doble aprobación para lo crítico. Cambiar los datos bancarios de un proveedor, mover dinero o borrar datos debería requerir que lo confirme una segunda persona por otro canal.
- Dispositivos al día. Sistema operativo y navegador actualizados, sin extensiones raras y con el disco cifrado. Es aburrido, pero es exactamente por donde entraron en Binance.
La lección de fondo
La semana pasada hablaba aquí de PHP2Shell, el fallo de PHP que puso en jaque al 70% de las webs. Dos noticias muy distintas con el mismo mensaje: los atacantes cada vez preparan mejor sus golpes y se mueven más rápido, y la mayor parte de las veces no rompen la tecnología, sino que aprovechan un descuido humano o una puerta que nadie vigilaba.
Binance podrá absorber 6.300 millones. Una pyme no puede absorber perder su base de datos de clientes, su tienda o su correo. Si no tienes claro quién tiene acceso hoy a tus sistemas, escríbeme y hacemos juntos esa revisión. Suele llevar menos de una hora y te quita un riesgo muy serio de encima.